Introducción: Imaginando el 2024

Pamela K. Starr

Como sucede sólo una vez cada doce años, tanto México como Estados Unidos celebraron elecciones presidenciales en 2012. Las votaciones tuvieron lugar en contextos hasta cierto punto inestables. Estados Unidos se esforzaba por salir de una dolorosa recesión, al mismo tiempo que tenía que hacer frente a una amplia variedad de desafíos internacionales, con un gobierno paralizado por conflictos partidistas. México enfrentaba una profunda y persistente amenaza a la seguridad pública creada por el crimen organizado y un continuo cuestionamiento sobre la capacidad del país para gobernarse a sí mismo de manera efectiva en un contexto democrático. Y ambas naciones buscaban encontrar mejores enfoques para la amplia variedad de retos compartidos: la integración económica, la seguridad fronteriza y ciudadana, la seguridad energética, la salud pública, y la migración, entre otros. Todos estos temas son de suma importancia no sólo en el contexto de la política exterior, sino que también afectan a la vida cotidiana de la gran mayoría de los mexicanos y los estadounidenses.

Las relaciones México-Estados Unidos se enfrentan a un desafío particular debido a una muy peculiar característica: el entrelazamiento de la política interior y exterior de ambos países, a lo que algunos se refieren como una característica “interdoméstica” de la relación bilateral. Ambos países impactan la capacidad del otro para crear empleos y competir en los mercados internacionales, para proteger la salud pública y el medio ambiente, y garantizar la seguridad ciudadana. Y para ambos países la influencia del otro puede ser tanto positiva como negativa. Es necesario e inevitable trabajar juntos para manejar estos retos binacionales. Al mismo tiempo, el desequilibrio fuerte en el balance de poder y la complicada historia que define las relaciones entre Estados Unidos y México implica que cada uno puede ser un socio espinoso que hace que la cooperación sea cada vez más complicada y un trabajo perpetuo.

Al inicio de 2013, los equipos de política exterior del nuevo presidente de México, Enrique Peña Nieto, y de la administración reelegida de Obama en Estados Unidos se volvieron a plantear la cuestión de cómo mejorar la cooperación en temas de interés común sin dejar de promover los propios intereses nacionales, incluso los que pudieran entrar en conflicto con los del país vecino. En esta tarea, los líderes políticos fueron capaces de recurrir a una amplia variedad de publicaciones que ofrecen orientación política. A lo largo de 2012 analistas de las relaciones México-Estados Unidos publicaron decenas de libros, ensayos y artículos de opinión sobre diversos aspectos de la relación bilateral, en un esfuerzo para aprovechar esta ventana de oportunidad generada por la coyuntura electoral, con el objetivo de influir en el proceso de elaboración de políticas.

Esta literatura contiene análisis profundos de temas clave en la relación bilateral, incluyendo la historia de la relación bilateral, los desafíos de la política actual, los retos y oportunidades, y recomendaciones políticas. Pero desde la perspectiva de la formulación de políticas, estos estudios presentan dos deficiencias importantes. Primero, se trata principalmente de ensayos y libros largos y detallados que a menudo son inaccesibles para los políticos con agendas saturadas. Segundo, debido a que la formulación de política exterior es un proceso dinámico, muchas de las recomendaciones políticas planteadas en ensayos publicados dentro de libros tradicionales son rebasadas por los acontecimientos en tiempo real.

Este volumen se sumará a esta extensa literatura no sólo mediante la publicación de una nueva recopilación de ensayos escritos por un grupo binacional de analistas y políticos reconocidos. Este libro está diseñado específicamente para evitar los problemas mencionados anteriormente de las publicaciones tradicionales. En lugar de tratarse de largos ensayos que a menudo son necesarios para justificar los costos de las publicaciones tradicionales, se presentan capítulos breves sobre políticas dirigidos directamente a los políticos a ambos lados de la frontera. Cada uno de estos ensayos se publica como la pieza central de una página de recursos electrónicos, llena de información y artículos en línea sobre el tema en cuestión. El capítulo en sí contiene vínculos insertados en el texto que ponen al alcance del lector recursos y fuentes bibliográficas citadas por los autores. El resto de la página incluye una sección dedicada a noticias y videos recientes, tres secciones que contienen recursos en línea sobre los conceptos principales que se discutieron en el capítulo, y cinco puestos dedicados a lo que consideramos que son lecturas cruciales sobre el tema. Todas estas secciones incluyen información publicada en inglés y español, así como un breve resumen del contenido en ambos idiomas.

Igualmente importante, al no depender de una publicación impresa, los capítulos de este volumen y sus páginas de recursos, se pueden actualizar según sea necesario para mantener la información y el análisis de fondo fresco y relevante. Los lectores pueden encontrar estas actualizaciones mediante la búsqueda en el sitio web por fecha para los cambios o adiciones recientes.

El contenido de este volumen trata el ciclo presidencial de doce años de Estados Unidos y México de una manera ligeramente diferente a los trabajos anteriores que utilizan esa coincidencia como un marcador histórico. Si nos regresamos a analizar el 2000, la última vez que estos dos países eligieron presidentes en el mismo año, la profundidad del cambio en las relaciones bilaterales fue particularmente sorprendente. Hace doce años, las recomendaciones de política pública propuestas por la comunidad académica subrayaron la persistencia de los conflictos en las relaciones entre Estados Unidos y México. Ahora el énfasis está en las posibilidades de cooperación entre los dos países, planteando la coincidencia del 2012 como una oportunidad de enfocarse en los intereses compartidos y la acción coordinada. Y sin embargo, las preocupaciones del 2000 no fueron olvidadas. A pesar de que nuestros dos países están tan entrelazados que el éxito de política interna a menudo depende de la interacción bilateral, Estados Unidos y México permanecen distanciados por un profundo desequilibrio de poder, diferencias culturales significativas, un nacionalismo intenso, y como consecuencia, una relación históricamente difícil.

El dinamismo y la complejidad de esta realidad bilateral son motivo suficiente para la amplia ola de publicaciones que se producen en un año electoral doble. Pero la distancia entre 2000 y 2012 planteó preguntas adicionales e igualmente importantes: ¿Cómo es que estos “enemigos” históricos – ni completamente amigos ni enemigos – lograron cambiar la esencia de su relación diplomática de una caracterizada por controversia y conflicto a una dominada por activos esfuerzos de cooperación? Y este mismo cambio nos lleva a preguntar dónde podría estar la relación bilateral en otros doce años, y sobretodo donde debe estar en el 2024, y qué políticas públicas nos ayudarían a alcanzar este objetivo. Estas cuestiones son el hilo conductor que unifica los capítulos de este libro.

El lector encontrará tres tareas interrelacionadas. Cada capítulo revisa el estado actual de la relación en el tema que se analiza, plantea la pregunta de dónde debe y puede estar la relación bilateral en el 2024 en términos de los intereses compartidos, y qué políticas públicas se recomiendan para llegar allí.

En declaraciones hechas en la Universidad del Sur de California a principios de noviembre de 2013, la ex Secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, destacó tres áreas en las que el aumento de la interacción bilateral es de especial beneficio para nuestros dos países: la apertura de mercados y el libre comercio, la promoción de la salud pública y el desarrollo energético. En un evento patrocinado por la Fundación México-Estados Unidos en nombre de la Iniciativa de Liderazgo Mexicano Americano (y donde se relanzó la US-Mexico Network), la Secretaria Clinton argumentó que en el esfuerzo para seguir siendo competitivos a nivel mundial, “nuestros mejores aliados y socios … están aquí cerca “; nuestra capacidad para contener el brote de la gripe H1 N1-en 2009 refleja años de” trabajar juntos para mejorar nuestras habilidades “para controlar nuevas enfermedades y evitar su propagación; y en el sector energético, “tenemos que tener una red eléctrica sólida que cruce nuestra frontera permitiendo el crecimiento en ambos lados de la frontera, de nuevas formas.”

El proyecto imaginando 2024 incluye capítulos que tratan una amplia gama de temas en la relación bilateral; algunos de estos capítulos se publicarán en los próximos meses como se indica en la tabla de contenido. Sin embargo, los tres capítulos ya publicados cubren precisamente los tres temas preocupantes de la relación bilateral identificados por la Secretaria Clinton: economía y comercio, salud, y energía no convencional.

El capítulo de Luis de la Calle y Christopher Wilson sobre Economía y Comercio comienza con la observación de que los cambios generados en magnitud y naturaleza en la interacción económica entre México y Estados Unidos a partir de TLCAN han creado una relación comercial única, caracterizada tanto por la producción conjunta como por el intercambio de bienes y servicios. Esto implica que los dos países “nadan o se hunden” juntos en su capacidad de competir comercialmente con el resto del mundo.

El contexto actual en ambos países ha facilitado la colaboración para construir una plataforma regional de exportación. México se está convirtiendo rápidamente en un país de clase media con un sector industrial competitivo. En Estados Unidos, las fluctuaciones en los costos de producción han incentivado el regreso a la manufacturación fuera del país, así como la lenta recuperación económica y gran déficit comercial han señalado la necesidad de incrementar las exportaciones. En este contexto, de la Calle y Wilson pronostican que Norte América está en camino a convertirse en una región netamente exportadora en 2024.

Dos cosas son necesarias para llegar ahí: 1) Esfuerzos intra-regionales para incrementar la competitividad incluyendo inversiones en la infraestructura fronteriza, políticas para incrementar el acceso a insumos energéticos competitivos, y mayor atención al comercio de servicios. Y 2) esfuerzos conjuntos para promover internacionalmente mayor apertura comercial, empezando por tener una postura común de Norte América en el proceso de negociación de la región trans-pacífica. El éxito de esta iniciativa requiere del liderazgo no solo de la Casa Blanca y de Los Pinos, sino también demanda que el sector privado binacional salga del estado inerte que ha adoptado post-TLCAN y que presione por estos cambios de la política comercial.
En su capítulo sobre El Sistema de Salud Complementario, Julio Frenk y Octavio Gómez se enfocan en las políticas de salud pública y el intercambio de servicios médicos para resaltar la significativa expansión en la colaboración médica binacional durante los últimos 20 años. A partir del TLCAN, y especialmente después del 9/11, México y Estados Unidos han expandido y formalizado su comunicación y cooperación logrando avances importantes en el monitoreo y capacidad de respuesta epidemiológica binacional, una mejor colaboración fronteriza para tratar la diabetes, obesidad, y el cáncer de mama, y la creación de semanas de salud binacionales. En las dos últimas décadas también hemos sido testigos de una expansión en el intercambio de servicios médicos, inversión, proveedores, y consumidores a nivel binacional.

Aunque esta mejora significativa en la colaboración en temas de salud es una tendencia positiva que se ha reflejado en políticas conjuntas y un mejor acceso de los consumidores a los servicios públicos de salud en ambos países, todavía hay mucho potencial para fortalecer el intercambio y la cooperación. En el frente de políticas públicas, el objetivo para el 2024 debe ser la creación de un verdadero sistema regional “capaz de anticipar, prevenir y controlar” las amenazas a la salud pública en Norte América. En términos del intercambio entre ambos países, sobresalen tres objetivos: la creación de un marco regulatorio binacional que promueva el intercambio de servicios, facilite un seguro de salud que funcione en ambos lados de la frontera, y contribuya a avanzar en la problemática cuestión de asegurar a la población mexicana indocumentada en Estados Unidos.

En su capítulo sobre energía, Jeremy Martin enfatiza el poderoso pontencial de la Energía Limpia e Interconexiones Inteligentes en la relación bilateral. En el contexto de la revolución del “shale gas” o gas de lutita y la creciente demanda por energías renovables como eólica y solar, el futuro de la seguridad energética depende cada vez más del desarrollo de estas fuentes alternativas de energía. México y Estados Unidos tienen la ventaja de que sus mercados internos de energías alternativas se complementan, generando oportunidades de mutuo beneficio.

En el área de gas de lutita, los productores en Estados Unidos tienen la tecnología, conocimiento y la experiencia necesarios para extraer este recurso (junto con sus significativas reservas); Mexico cuenta con enormes reservas que no han sido explotadas; y los dos paises comparten el “Eagle Ford shale gas Formation.” En términos de energía eólica y energía solar, las preocupaciones sobre el cambio climático han motivado esfuerzos en la expansión del uso de energías renovables en la generación de electricidad en Estados Unidos, mientras que el norte de México tiene un potencial enorme en términos de la generación solar y eólica.

A pesar de la complementariedad de las estructuras de estos dos mercados, Martin señala importantes retos futuros, incluyendo la necesidad de un cambio en la política de México para promover la inversión privada en el sector del gas de lutita y la ampliación de las redes eléctricas entre los dos países. Martin recomienda la creación de un Consejo de Gas de Lutita Estados Unidos-México y reforzar el Grupo de Trabajo para la Electricidad Transfronteriza, formado en 2010, para identificar el marco más ventajoso para el desarrollo transfronterizo de los recursos no convencionales.

Según Martin, la cooperación binacional en materia energética debería ser viable políticamente ya que las fuentes de energía alternativas son un tema que no tiene el peso del nacionalismo histórico que ha caracterizado las discusiones sobre el sector petrolero. Aún más, mediante la colaboración en el sector de recursos energéticos no convencionales, los dos países pueden encontrar la capacidad de trabajar juntos de manera productiva en materia de energía.

Siendo este un libro electrónico, tuvimos la oportunidad de publicar estos capítulos tan pronto como estuvieron disponibles, sin tener que esperar a publicar todos los capítulos del libro al mismo tiempo. Así mismo, en los próximos meses, se añadirán nuevos capítulos junto con con sus páginas de Internet correspondientes, sobre seguridad, migración, diplomacia, la diáspora mexicana en Estados Unidos, y otros temas relevantes en la relación bilateral. Por otra parte, la flexibilidad de la edición electrónica nos ha permitido poner al día las noticias con regularidad y subrayar nuevos acontecimientos políticos y nuevas fuentes de información y análisis. Mientras tanto, un diálogo continuo sobre estos temas se desenvuelve en las conversaciones de la red Estados Unidos-México (US-Mexico Network).

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